domingo, 26 de noviembre de 2017

Historias de jardín

   Los colores surgen por cada rincón, el otoño nos envuelve, este otoño seco que se resiste a congelarse y envolverse de nieblas. Elías, atabiado con una larga y pesada capa se apresura a reunirse con los suyos en la tasca de la esquina, a contar historias de un tiempo que no volverá, y especular con un futuro mejor por el que promete luchar.


   Atrás quedó el verano, largo como "un día sin pan". En los días de recreo, ante sus ojos el mar se extendía sobre el horizonte, lo contempló por un instante y se lanzó, se lanzó desbocado, por primera vez. Se apresuró a sumergirse en sus aguas, y el corazón le latió fuerte y no lo olvida, no olvidará mientras viva.



   Lejos quedaron ya las luces de la primavera, fotones rebotando sobre pétalos se dispersaban y aterrizaban sobre su retina, y un rincón de su córtex frontal se emocionaba ante esa sencilla belleza.



   Un lugar para el descanso, es lo que necesitaba tras la caminata, descansar, tomar nuevas fuerzas y seguir luchando.


   La casa junto al río carecía ya de calor de hogar, sus paredes de adobe permanecían semiderruidas. El tejado cedió hace varias primaveras y algunas tejas artesanas de barro, todas distintas, todas marcadas por el tesón y el esfuerzo del alfarero fueron nueva cuna de vida en el jardín.


   Los amantes. Huerto de Calixto y Melibea. Encontró allí pedazos de cálido y apasionado amor amarrados por aros de metal frío. Mil y una historias se entrelazaban en una misma vida de todos y para todos.


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