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sábado, 15 de enero de 2022

Un bosquecillo de Celtis en un rincon verde

   Cuánto tiempo sin escribir aqui. Los días iban pasando y en ellos, se consumían mi intención y el poco empeño por hacer algo constructivo en este escaparate virtual. Pero, más vale tarde.... Hoy ando trasplantando un grupo de cinco ejemplares de Celtis australis o Almez, ¿por qué cinco?, bueno, se dice que el equilibrio llega al bosquecillo en cuanto damos con una cifra impar en la composición.

   Para que tanto un bonsái como un conjunto de ellos llegue a sobrevivir a lo largo de los años, es imprescindible realizar transplantes de forma regular cada varios años, si se trata de ejemplares en tiestos grandes, o anualmente en caso de tratarse de tiestos pequeños. En cualquier caso, es conveniente ver el "pan de raíces" sacando el bonsái de su tiesto para saber si corresponde o no un recorte y cambio de tierra. 

 En el caso que nos ocupa, es evidente que los arbolillos no pueden permanecer un año más sin que eliminemos el exceso de raíces, de no hacerlo, el sistema colapsará, las nuevas crecidas darán lugar a una acumulación tal, que será imposible que el sistema realice correctamente su función y nuestro preciado bosque perecerá.

 Para el mantenimiento de los bonsáis, hemos recortado buena parte de las raíces en el momento en que hemos observado el primer movimiento de yemas de los arbolillos, lo cual suele ocurrir entre enero y febrero según las temperaturas. Los inviernos cálidos adelantan la brotación y los fríos la atrasan.

 Tras adquirir un subsatrato adecuado, volvemos a poner los Celtis en su tiesto original. Ya en primavera, podéis ver los resultados, nuestro bosquecillo crece frondoso y verde, lo tenéis en las dos fotos inferiores, en la zona central de ambas imágenes.

 Con esfuerzo y constancia puede conseguirse mucho, y este rincón verde resulta el marco adecuado para los Celtis del bosquecillo. Aporta tiempos de sol y sombras refrescantes.

 Esperamos que consigáis disfrutar con vuestras plantas. Esto de la jardinería puede resultar trabajoso, pero gratificante a la vez. En cualquier caso, conviene no desanimarse si nuestros cuidados no dan los frutos esperados, esto es algo propio de la vida. Momentos buenos se alternan con los malos, días de tristeza y de alegría, pero, ¿el balance?, el resultado neto a de ser siempre positivo, hay que trabajárselo, esforzarse lo posible y vivir.

sábado, 13 de enero de 2018

Ilusionantes orquídeas

   Las encontramos una mañana de octubre, abandonadas al pie de un contenedor de basura. Quizá quien las depositara allí pensó que dejándolas en ese lugar alguien pudiera verlas y llevárselas. La opción de introducirlas en el contenedor no les habría dado una sola oportunidad.


   Dos orquídeas de sendas especies cuyas flores están aun por venir. Mientras tanto, pensamos que se hacía oportuno su cambio a tiestos de mayor tamaño.


   Siempre habíamos visto este tipo de plantas en tiestos de plástico transparente, en cambio, no nos habían comentado nunca el motivo de tal detalle. Al cuidar de estos dos ejemplares, observamos cómo al recibir la luz del sol las raíces adquirían un tono verde intenso. Se deducía por tanto que éstas son capaces de realizar fotosíntesis así que es de lógica que los tiestos sean transparentes.


   Tras eliminar restos plásticos de envases anteriores y raíces secas, porcedimos al trasplante. Para ello optamos por reutilizar una pecera y un bote de cristal para golosinas. Llevaban tiempo rodando por casa y creímos que serían de buen uso en este caso, siempre y cuando estemos atentos al riego, ya que no disponen de agujero de drenaje.


   Para el cambio del sustrato elegimos uno específico para estas plantas. De momento no enfocamos el blog hacia el consumo de determinadas marcas, pero en fin, Compo Sana nos pareció una buena opción y fue la que adquirimos.


   En el mes de diciembre aparecieron los retoños de las varas de las que posteriormente surgirán las flores.

    
   En algún momento he llegado a pensar que perdemos habitualmente la capacidad de ilusionarnos. Pero quizá sea que esperamos demasiado de este término. ¿Será estar constantemente esperanzado y eufórico por lo que ha de venir cada día?. Alguien querido me comentó que es mucho más sencillo que todo eso. ¿No será la ilusión solamente de esperar?, aguardar la floración por ejemplo, la llegada de la primavera o quizá, nada más complicado que escuchar con emoción el torrente de agua de un canalón, que golpea con fuerza nuestro paraguas mientras lo sostenemos sobre nuestra cabeza sin temor de calarnos.


   Quizá sí, tal vez olvidamos que estamos ilusionados cada día, con cada cosa sin importancia de la que esperamos algo, como ver aparecer una nueva hoja en nuestras plantas o conseguir un nuevo elemento coleccionable para nuestros álbumes. Encontrad la ilusión, no penséis que la habéis perdido.

martes, 23 de mayo de 2017

Mesem en la pared encalada

   Nuevamente acudimos al auxilio de unas pocas plantas cultivadas en macetas durante años. En esta ocasión se trata de unos Lampranthus o Mesem, en este caso rojo y blanco, además, les tenemos algo de cariño pues llevan décadas haciéndonos compañía.


   Hace pocas temporadas presentaban el aspecto de la foto anterior en su plenitud floral un mes de mayo. En cambio en el pasado invierno su decadencia era evidente y no inspiraban más que lástima, así pues nos dispusimos a renovarlos.


   Al sacarlos de la maceta en marzo observamos una abundante cantidad de raíces, más bien daba la impresión de que éstas habían desplazado al sustrato y ya solo permanecían ellas, con el consecuente deterioro tanto de éstas como el resto de la planta, asfixiada por la falta de espacio en el tiesto y desmineralizada por la escasez de recursos.


   Pero dado que todavía hay vida en alguna de sus ramillas, vamos a reproducir cada uno de los Mesem poniendo unas ramillas en pequeños tiestos.


   Los ejemplares deteriorados los sustituimos por nuevas plantas obtenidas a partir de ellos mismos. Hace un par de años tuvimos la precaución de sacar esquejes y cultivarlos en varios tiestos. Las nuevas plantas así obtenidas presentaban en marzo el aspecto que podéis observar en la siguiente instantánea.


   El trasplante se realiza con facilidad, basta con sacar el ejemplar del tiesto pequeño en el que lo hicimos crecer y pasarlo al de mayor tamaño, con la precaución de desenredar un poco sus raíces y completar el espacio con nuevo substrato.

  
 Una vez realizado el cambio, colocamos las plantas en el mismo y soleado lugar donde años tras año han venido agradeciendo nuestros cuidados y la luz directa del sol con su profusa floración.
Estado de los nuevos Lampranthus una vez dispuestos en tiestos mayores.

   Como era de esperar, en el mes de mayo hemos podido apreciar las flores de Mesem en la pared encalada, mientras tanto los esquejes que cortamos de los ejemplares deteriorados, rejuvenecen y comienzan a crecer en los pequeños los tiestos, en previsión de futuras paredes encaladas que tengamos que vestir.

domingo, 18 de enero de 2015

Te cambio de sitio, plantita

   En un principio dispusimos unas plantas en el lugar que sin mucho pensar teníamos establecido, en este caso, en un cajón de madera de algo más de un metro cúbico. Aquí plantamos un par de groselleros y al cabo de dos años dando frutos decidimos cambiarlos de sitio.


   En el cajón el sol incidía de tal manera sobre sus hojas durante los meses de verano, que les causaba graves quemaduras y además, quisimos darle otra utilidad al cajón.

    En un mes de febrero nuestras dos plantas de frutos del bosque quedaban instaladas al pie de uno de los muros del patio, fachada soleada durante la mañana y sombría por la tarde.


      En el cajón removimos un poco la tierra y la preparamos para una nueva plantación que os mostraremos en otra ocasión.


      Ya hemos encontrado una buena situación para nuestros groselleros. Suele ocurrir que tengamos que encontrar el mejor sitio para el óptimo desarrollo de cada planta, y al igual que ellas, también nosotros podemos encontrar nuestro lugar, nuestro sitio y nuestro propósito en este mundo a fin de conseguir crecer felices.

sábado, 8 de febrero de 2014

Trasplantando bonsáis

   ¿Cuántas veces nos han regalado un bonsái y hemos sentido la responsabilidad de cuidarlo, a sabiendas de que posiblemente acabaríamos perdiéndolo por falta de cuidados o desconocimiento de los mismos?. Pues en mi caso en varias ocasiones.


   Por experiencia me consta que hay quien piensan que estos pequeñines pueden permanecer en sus tiestos por siempre, o al menos por el tiempo que nos duren, sin necesidad de trabajar sus raíces y atendiendo solamente al riego y la poda de sus ramillas cada año. 
  La sustitución de la tierra de las macetas en las que vienen se hace imprescindible si no queremos que su sistema de raíces se colapse y éstas acaben por pudrirse.


   Para llevar a cabo el trasplante, necesitamos una herramienta plana con la que separar el cepellón de las paredes laterales de la maceta. Después desenmarañamos las raíces con cuidado, como si las peinásemos, y retiramos buena parte de la tierra de la que ha estado tomando agua y minerales durante quién sabe cuántos años hasta llegar a nuestras manos.


    Algunas de estas raíces tendremos que acortarlas para acomodarlas al tamaño de la maceta, siendo esta una operación delicada. Personalmente, no me arriesgo a retirar grandes cantidades de tierra o raíces, aunque como podréis comprobar a través de revistas especializadas o páginas de este medio, hay expertos que gracias a su larga experiencia, no tienen reparos en hacer grandes cambios estructurales en el sistema radical de ancianos e imponentes bonsáis.


   En el caso que nos ocupa, hemos optado por la sustitución del sustrato de que disponía el bonsái, utilizando una tierra específica denominada Akadama, que podrás encontrar en centros de jardinería especializados.


   Para evitar la pérdida de tierra por los agujeros de drenaje, hemos usado un trozo de maya del utilizado como soporte para pinturas aislantes.


   Tras colocar de la mejor forma posible nuestro bonsái, hemos aplicado un  abundante riego, mientras que con la ayuda de un fino bambú y una paleta, hemos conseguido rellenar todos los recovecos de la maceta con Akadama y compactado un poco el suelo.


   Finalmente hemos podado un poco nuestro ejemplar, el cual esperamos que permanezca por muchos años con nosotros y nosotros con él.

domingo, 17 de febrero de 2013

Trasplante a tiestos mayores

   Algo que hay que llevar a cabo tarde o temprano, es el cambio de plantas a tiestos mayores o bien, la extracción de las mismas de los tiestos en que se encuentran con el fin de dividir la planta en fragmentos menores, eliminar raíces secas y cambiar la tierra de la que se han estado alimentando durante años.

   Hoy le ha tocado el turno a un pequeño laurel. Procedente de un esqueje de un gran y aromático árbol, este plantón ha estado en el mismo tiesto durante tres años. Para el trasplante, tomamos por supuesto, un tiesto de mayor tamaño, tierra apropiada y cantos rodados para facilitar el drenaje.

   Antes de cambiar de sitio la planta, es preciso desenmarañar las raíces con la ayuda de un pequeño rastrillo. Si es necesario, cortamos las raíces sean demasiado largas así como las que estén secas o podridas.
   En el fondo del nuevo tiesto, colocamos unas cuantas piedras que podemos cubrir con un paño. De este modo, el agua que aportemos en exceso, saldrá fácilmente de la maceta. El paño evitará que los espacios entre las piedras se rellenen de tierra y se dificulte el drenado.

 

   Una vez rellenamos el fondo con el sustrato, colocamos el joven laurel de forma que su cepellón de raíces quede bien rodeado de tierra.
   Finalmente, un riego y listo. Para ello hemos optado por economizar, con una botella de plástico de dos litros y un tapón agujereado, hemos improvisado una eficaz regadera.
  

   Sin los trasplantes las raíces se aglomeran en el tiesto y tienden a asomar por el agujero de drenaje y la parte superior de la maceta, incluso pueden romperla. El cambio a tiestos mayores favorece el crecimiento y la vitalidad de la planta.